lunes, 11 de abril de 2016

Abstracciones

Después de caminar media ciudad empujando su carro y sus angustias, Arturo Huallpa llega a su casa. Ya el carro vacío, lo ata a la reja desvencijada, máximo símbolo de seguridad en su hogar. Dentro, lo espera el hambre y la soledad. Prepara el mate mientras oye las discusiones de sus vecinos más uno que otro golpe. Busca el pan de ayer y corta un pedazo. Se sienta a la mesa, en su única silla y hace fuerzas para abstraerse...
Ahora, come un pollo con papas al horno, conversa con su hermosa mujer mientras los niños mueren de risa por los chistes de un programa en televisión. Cuando terminan de cenar, ayudan entre todos a juntar los platos y su mujer lava la cocina. Mientras, Arturo, habano y licor en mano, se dispone a escuchar su disco de Charlie Parker. Los niños van a dormir y su mujer se acerca para darle el beso de buenas noches y susurrarle al oído que lo espera en la cama. A Arturo le gusta pasar ese tiempo solo, consigo mismo, disfrutando la música y la tranquilidad del hogar.
Al cabo de una hora llega a la cama donde su mujer descansa cubierta de sábanas blancas y grandes acolchados para cubrirse del frío. Se desviste y se hace un lugar junto a ella. La mira con los ojos sonrientes, acaricia su pelo y sus sueños, le da un beso en la frente para que la proteja en la noche y se dispone a dormir.

Suena un fuerte despertador a las 5 de la mañana y Arturo lo apaga sin ganas pero con fuerza. Se levanta con el cuerpo entumecido del frío, se lava su cara en un latón con agua casi helada y se viste con el pantalón de trabajo, su camiseta blanca, un buzo desteñido y esa campera que una vez juntó de un volquete por calle Malabia. Se prepara un mate cocido y come el otro pedazo de pan de anteayer. Antes de salir, mira su silla sola, baja la vista, suspira, busca su gorro de lana y sale a la calle a desatar su carro. Arturo parte en busca de cartones y esperanzas.

Al anochecer, con el carro vacío, regresa a su casa. Al sentarse en su mesa con un plato de guiso desabrido que su vecina de enfrente muy a menudo le prepara, hace fuerzas, se concentra...
Su hija de cinco años corre a sus brazos y lo besa por toda la cara. Cenan ravioles con esa salsa especial que hace su mujer, con nueces y jamón. Conversan sobre sus actividades del día: su hijo cuenta que sacó diez en matemáticas y su niña que aprendió un nuevo paso de danza. Su mujer relata la bienvenida que le hicieron los compañeros de su nuevo trabajo y él, entre burlas e ironías, les cuenta cómo uno de sus empleados pone constantes excusas por las llegadas tardes. Entre risas, levantan los platos de la mesas y los niños van a dormir. Él escucha jazz, toma una copa de vino y esta vez, no fuma. Su mujer se acerca por detrás, le besa el cuello, lo abraza. De un tirón, Arturo la sienta en su falda y le acaricia el pelo. Se besan, se desean, se excitan. Deciden ir a su cuarto así los niños no oyen. Ella le indica que la aguarde unos instantes, va al baño y se escucha un ruido de agua corriendo. Arturo se acuesta en su cama a la espera.
Su mujer no regresa.
De a poco siente de nuevo las discusiones de sus vecinos y uno que otro golpe, y va quedándose dormido en su cama pequeña de una almohada sola.


Wannas
19/05/2014


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